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El Cristo Negro de Esquipulas es una imagen de Jesús Crucificado venerada por millones de fieles de Centroamérica que se encuentra en la Basílica de Esquipulas en la ciudad del mismo nombre en Guatemala, distante a 222 km de la Ciudad de Guatemala.

Se conoce como Negro debido a que a lo largo de más de 400 años de veneración, la madera en que fue tallado ha adquirido una tonalidad más oscura, aunque esta catalogación es muy reciente. Ya desde el siglo XVII se le conoce como el “Milagroso Señor de Esquipulas” o también como el “milagroso Crucifijo que se venera en el pueblo llamado Esquipulas”.

La fiesta patronal de Esquipulas se celebra el jueves de la ascensión. Es también cuando llega la mayor cantidad de peregrinos a la ciudad provenientes de Guatemala, El Salvador, Honduras, México y otros países. Es costumbre ingresar a pie hasta el templo, en parte por devoción y en parte porque la aglomeración no permite hacerlo de otra manera. Aquellos que piden por alguna intención en especial pueden hacer parte del recorrido de rodillas.

Debido a la gran cantidad de inmigrantes de estos países en Estados Unidos y otros lugares esta fecha es ahora celebrada también en lugares como Los Ángeles, Nueva Jersey y Nueva York.

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Desde antes de la llegada de los españoles al nuevo continente Esquipulas era un lugar de peregrinación conocido en Mesoamérica donde se rendía culto al dios guerrero Ek Chuaj.

Luego de la conquista de Esquipulas en el año 1530, los misioneros españoles iniciaron el trabajo de evangelización de los pueblos conquistados. En el año de 1594 cuando la religión católica había echado raíces, los locales aprovecharon una abundante cosecha de algodón y decidieron encargar una imagen de Jesús crucificado.

De esta cuenta, Don Cristóbal de Morales, contrató a escultor portugués Quirio Cataño quien en ese tiempo vivía en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala para que creara dicha imagen. El artista entregó el trabajo encomendado el 4 de octubre del mismo año.

El contrato original por medio del cual se encargó la obra se conservó durante mucho tiempo en la Parroquia de Quezaltepeque, hasta que Fray Andrés de las Navas, Obispo de Guatemala ordenó que se hiciera una copia del mismo debido a su deterioro. A continuación se incluye una copia del texto consignado en dicho contrato:

En la Ciudad de Santiago de Guatemala, a los veintinueve días del mes de agosto del año mil quinientos noventa y cuatro, Cristóbal de Morales, Provisor de este Obispado, concertó con Quirio Cataño, oficial de escultor, que haga para el Pueblo de Esquipulas un Crucifijo de vara y media, muy bien acabado y perfeccionado, que lo debe dar acabado el día de San Francisco, primero que viene, y se han de dar por él cien tostones de cuatro reales de plata cada uno; y para en cuenta de los dichos cien tostones confesó haber recibido adelantados cincuenta tostones de los cuales recibió realmente y él se obligó a cumplirlo, y para ello obligó su persona y bienes y lo firmó de su nombre y el dicho Provisor.

–Cristóbal de Morales – Quirio Cataño.

Según la tradición oral, los habitantes de Esquipulas viajaron a la ciudad de Santiago de Guatemala para recoger la imagen en la fecha estimada y durante el viaje de regreso aquellos que la veían por el camino se quedaban admirados por su belleza y solicitaban que permaneciera con ellos al menos una noche, y de esta manera se originó la tradición del peregrinaje para venerar dicha imagen. Finalmente, la imagen llegó a Esquipulas el 9 de marzo de 1595.

La tradición contaba también que Quirio Cataño había utilizado madera oscura para esculpir la imagen, de modo que se pareciese más a la piel de los habitantes de Esquipulas, descendientes del pueblo Chortí, sin embargo según el arquitecto Eduardo Andrade, durante su restauración se descubrió que había sido originalmente acabada con un tono claro, y que los años de exposición al humo de veladoras y las manos de millones de fieles le proporcionaron su característico tono oscuro.

Una réplica fue donada a los monjes franciscanos en la ciudad mexicana de Santiago de Querétaro, donde se le venera y se rinde culto el domingo de carnaval de cada año, siendo una festividad que reúne a la comunidad de danzantes concheros de toda la república.

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