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Tomás de Aquino, en italiano Tommaso D’Aquino (Roccasecca o Belcastro,1 Italia, 1224/1225Abadía de Fossanuova, 7 de marzo de 1274) fue un teólogo y filósofo católico perteneciente a la Orden de Predicadores, el principal representante de la enseñanza escolástica, una de las mayores figuras de la teología sistemática y, a su vez, una de las mayores autoridades en metafísica, hasta el punto de, después de muerto, ser el referente de varias escuelas del pensamiento: tomista y neotomista. Es conocido también como “Doctor Angélico” , “Doctor Común” y ” Doctor de la Humanidad”, apodos dados por la Iglesia católica, la cual lo recomienda para los estudios de filosofía y teología.

Sus obras más conocidas son la Summa theologiae, compendio de la doctrina católica en la cual trata 495 cuestiones divididas en artículos, y la Summa contra gentiles, compendio de apología filosófica del catolicismo, que consta de 410 capítulos agrupados en 4 libros y que fue redactado a petición de Raimundo de Peñafort.

Asimismo, fue muy popular por su aceptación y comentarios de las obras de Aristóteles, señalando, por primera vez en la Historia, que eran compatibles con la fe católica. A Tomás se le debe un rescate y reinterpretación de la metafísica y una obra de teología aún sin parangón, así como una teoría del Derecho que sería muy consultada posteriormente. Canonizado en 1323, fue declarado Doctor de la Iglesia en 1567 y santo patrón de las universidades y centros de estudio católicos en 1880. Su festividad se celebra el 28 de enero.

Terminada su labor en Francia, se le encargó la fundación de un nuevo capítulo provincial en su Nápoles natal. Antes de ello Tomás visitó su familia, así como sus amigos el cardenal Anibaldo degli Anibaldi y el abad de Montecassino Bernard Ayglier. En Nápoles debe destacarse que fue recibido como un rey, así como la numerosa correspondencia que mantuvo, respondiendo dudas al mismo Bernard Ayglier entre muchos otros. Sin embargo, tan pronto comenzó la tercera parte de la Summa Theologiae tuvo una singular experiencia mística (ya las había tenido antes, está bien documentado 7 ) tras la cual se le haría imposible escribir:

“Me han sido reveladas semejantes cosas que lo que he escrito me parece paja 8

Al menos accedió a la invitación del Papa Gregorio X para asistir al Concilio de Lyon II. Sin embargo, desde el arrebato místico estaba muy débil, y hubieron de acoger en la Abadía de Fossanova. Tras varias profecías y milagros 9 documentados y con numerosos testimonios, Tomás murió haciendo una enérgica profesión de fe el 7 de marzo de 1274, cerca de Terracina. Posteriormente, el 28 de enero de 1369, los restos mortales del grandísimo filósofo y teólogo fueron trasladados a Tolosa de Languedoc, motivo por el cual la Iglesia católica celebra su memoria en esta fecha.

Después de su muerte, algunas tesis de Tomás de Aquino, confundidas entre las averroístas, fueron condenadas por el obispo de París, Étienne Tempier, quien en 1277 lanzó una gran condena de 219 tesis respecto a la Universidad de París. A pesar de esto, ya que era una condena importante, pero local, Tomás de Aquino fue canonizado rápidamente, el 18 de enero de 1323. Las condenas de 1277 fueron inmediatamente levantadas en lo que respecta a Tomás de Aquino el 14 de febrero de 1325.

Aunque poco seguido hoy, Tomás es, sin lugar a dudas, junto con Aristóteles, Agustín, Leibniz, Kant y Hegel, uno de los intelectuales más profundos, sistemáticos y fecundos (Respecto a sus años de vida) de la Historia.

La obra escrita de Tomás de Aquino es inmensa y, cuando se tiene en cuenta que murió a los cuarenta y nueve años y había recorrido casi 10.000 kilómetros en viajes a pie se considera una hazaña inigualable. Sus obras más extensas, y generalmente consideradas más importantes y sistemáticas, son sus Sumas: la Summa Theologiae, la Summa contra Gentiles y su Scriptum super Sententias. Aunque el interés y la temática principal siempre es teológico, cuenta también con varios comentarios a obras filosóficas, destacándose, como se ha dicho antes, en Aristóteles con obras filosóficas, polémicas o litúrgicas. A lo largo de la historia se le han atribuido obras espurias, que con el paso del tiempo han dejado de ser consideradas de su autoría. Así, sus obras se encuentran divididas en:

Tres síntesis teológicas, o summas Nueve tratados en la forma de disputas académicas Doce disputas quodlibetales
Nueve exégesis sobre las Sagradas Escrituras Una colección de glosas de los Padres de la Iglesia sobre los Evangelios Once exposiciones sobre los trabajos de Aristóteles
Dos exposiciones de trabajos de Boecio Dos exposiciones de trabajos de Proclo Cinco trabajos polémicos
Cinco opiniones expertas, o responsa Quince letras sobre teología, filosofía o temas políticos Un texto litúrgico
Dos oraciones famosas Aproximadamente 85 sermones Ocho tratados sobre teología

El pensamiento de Tomás de Aquino partía de la superioridad de las verdades de la teología respecto a las racionales, por la sublimidad de su fuente y de su objeto de estudio: Dios. Aunque señaló que la razón era muy limitada para conocer a Dios, ello no le impidió mostrar que la filosofía era un modo de conocimiento plenamente autónomo de hallar conocimientos verdaderos:

En primer lugar porque no contradice a la teología, así lo dice:

“Lo naturalmente innato en la razón es tan verdadero que no hay posibilidad de pensar en su falsedad. Y menos aún es lícito creer falso lo que poseemos por la fe, ya que ha sido confirmado por Dios. Luego como sólamente lo falso es contrario a lo verdadero, como claramente prueban sus mismas definiciones, no hay posibilidad de que los principios racionales sean contrarios a la verdad de la fe 10

En segundo lugar, porque es la herramienta natural del hombre para conocer el mundo y el Aquinate, como se ha visto, considera imposible pensar en la falsedad de la razón por lo connatural que no es. No obstante, Tomás señalaba que si se llegaba a una contradicción real y no aparente entre una conclusión de fe y otra racional, la errónea sería la de razón ya que Dios es infalible. Un ejemplo de contradicción aparente sería la cuestión de la Trinidad:

Tomás, por razón, señala que “Dios es simple”, y, por fe, que es “trino”, pero para ser trino (Que no triple) hace falta ser uno, es decir simple, por lo que fe y razón no se contradicen, sólo que la fe es más elevada.

La demostración de la existencia de Dios, ofrecida en una formulación sintética a través de las así llamadas “Cinco Vías”, no es un aspecto muy innovador de la doctrina del Aquinate[cita requerida], y, comparada con otras anteriores, es incluso breve. No obstante, su exposición es tan completa y sistemática que ha hecho sombra a Platón, Aristóteles, Agustín de Hipona o Anselmo de Canterbury y se ha convertido en el modelo de la filosofía clásica respecto a éste punto14 .

-La Primera Vía se deduce del movimiento de los objetos. Tomás explica mediante la distinción de acto y potencia, que un mismo ente no puede mover y ser movido al momento, luego todo aquello que se mueve lo hace en virtud de otro. Se inicia, pues, una serie de motores, y esta serie no puede llevarse al infinito, porque no habría un primer motor, ni segundo (es decir, no habría comunicación de movimiento) por lo tanto debe haber un Primer Motor Inmóvil que se identifica con Dios, principio de todo.

-La Segunda Vía se deduce de la causa eficiente (pues todo objeto sensible está limitado por la forma, de ahí que no sea eterno y sí causado). Se inicia, por lo tanto, una serie de causas análoga a los motores que termina en una Causa Incausada, identificada con Dios, creador de todo.

-La Tercera Vía se deduce a partir de lo posible. Encontramos que las cosas pueden existir o no, que pueden pensarse como no existentes y por lo tanto son contingentes. Es imposible que las cosas sometidas a la posibilidad de no existir lleven existiendo eternamente pues en algún momento habrían de no existir. Por lo tanto debe haber un Ser Necesario que se identifica con Dios, donde esencia y existencia son una realidad.

-La Cuarta Vía se deduce de la jerarquía de valores de las cosas. Encontramos que las cosas son más o menos bondadosas, nobles o veraces. Y este “más o menos” se dice en cuanto que se aproxima a lo máximo y (Ya que los grados inferiores tienen su causa en algo genéricamente más perfecto) lo máximo ha de ser causa de todo lo que pertenece a tal género. La causa de la bondad y la veracidad se identifica con Dios, el Ser máximamente bueno.

-La Quinta Vía se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Tomás recuerda como los cuerpos naturales, siempre o a menudo, obran intencionadamente con el fín de lo mejor, muchos incluso sin conocimiento. Llegó a decir, fiel a Aristóteles, que cada ente, como causado, debe tener una finalidad como razón de su existencia y esto solo es posible si hay un Ser supremamente inteligente, que es Dios.

Muchas de las numerosas críticas a esta propuesta de Tomás se deben a tres fenómenos corregibles:
1° Lectura imprecisa: Se le ha criticado que no explicaba la solución a la serie de infinitos, ni la contingencia de los cuerpos o que emplea el principio de razón suficiente y mal15 pero ninguna afirmación es cierta, como hemos podido ver.

2° Formación insuficiente: Richard Dawkins señalaba, entre otros, tres aspectos imposibles de las Cinco Vías:

Que la causalidad habría de aplicarse igualmente a la Dios por lo que no sería tal (citando a Kant).

Que también los valores negativos, como “la hediondez”, necesitaban de un máximo igualmente, por lo que Dios no sería tal.

Que la omnipotencia de Dios le haría conocedor de su futuro y apto para negarse a sí por lo tanto no sería tal 16 .

Lo que Dawkins no reconocía era:

Que se ha difamado el argumento: la causalidad ha de detenerse necesariamente en un punto incausado, también llamado Dios.

Que la hediondez es una corrupción de la bondad, verdadero valor, en cuanto olfativa.

Que Dios no tiene futuro, no existe tiempo en él pues es absolutamente inmutable e inmóvil y que su comprensión nos excede.
3° Error terminológico: Arthur Schopenhauer criticaba que la necesidad era un efecto de un principio. Esa definición, conocida por Tomás, se aplica a la analítica lógica, por eso es incompleta. Tomás se refiere a la necesidad como tal de la existencia.

También se le ha criticado que dicho Dios no tiene por qué ser el Dios cristiano, sino que podría ser el Uno de Plotino o la Causa Incausada de Aristóteles. A esto hay que decir que dichos “dioses” se identifican con el Dios cristiano, que es Uno y causa de todo.
A pesar del gran optimismo de Tomás respecto a la cognoscibilidad de Dios, éste no estaba dispuesto aceptar cualquier vía para demostrar la existencia de Dios. Su realismo aristotélico provocó numerosos enfrentamientos con los agustinistas, y, entre otras cuestiones, con el muy discutido argumento ontológico; es poco menos que impresionante apreciar que Tomás, por defender la verdad, es capaz de negar uno de los pilares doctrinales de un Doctor de la Iglesia, que él, como devoto creyente, considera casi infalible.

Tomás da dos razones simples y fáciles de entender para negar la conclusión del argumento.

-Una radica en la evidencia de la idea de Dios:

“Que Dios existe, es ciertamente evidente en sí, porque es su mismo ser, pero con respecto a nosotros, Dios no es evidente. Que el todo sea mayor que las partes es, en sí, absolutamente evidente. Pero no lo es para el que no concible el todo. Y así sucede con nuestro entendimiento 17

-Otra radica en la existencia de la idea de Dios:

“Y de que concibamos intelectualmente el significado del término “Dios” no se sigue que Dios sea existente sino concebido en el entendimiento. Y en consecuencia, el ser más perfecto que se pueda pensar no es necesario que se de fuera del entendimiento 18

Aquí el Aquinate distingue “pensar algo como existente” y “pensar algo ya existente”, señalando que la existencia que pide Anselmo es necesaria, pero meramente intelectual.

Asimismo, Tomás defendió, con gran éxito, frente a Juan Peckham la posibilidad de que el mundo fuera causado y eterno al mismo tiempo, demostrando su cercanía con el pensamiento clásico griego:

“La causa completa y su efecto son simultáneos, pero a Dios no le falta ningún complemento luego su efecto siempre puede darse.

Tomás, como se ha visto, dejó claro que (Debido a su inmensidad) no podemos contemplar a Dios como tal y señaló que la mejor forma de conocer a Dios sería mediante su Revelación directa: la Biblia, especialmente el Nuevo Testamento, la Tradición apostólica y el Magisterio de la Iglesia. Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente filosófico, se habría de conocer a Dios no mediante dichas fuentes sino del modo en que está ordenada la razón natural: tomando las cosas sensibles (los efectos) y abstraerse a sus principios (la causa) o fines. Una vez realizado ese proceso se establece qué tienen en común y qué no, es decir, las dos Vías del Conocimiento de Dios:

-Vía negativa: El Aquinate afirma en su Summa contra gentiles que en Dios no hay composición, violencia, corporeidad o potencia alguna, no porque le falten dichos rasgos y parezca ,así, incompleto, sino porque está por encima de todo límite o posibilidad. De esta manera, eliminando predicados “negativos” obtenemos una imagen más exacta de Dios, que es, por oposición, simple, natural, incorpóreo y acto puro.

-Vía afirmativa: Se trata de predicar de Dios todos aquellos atributos de bondad, veracidad y otros valores “positivos” pues él es causa de todo cuanto bueno hay en la tierra, y por lo tanto, como está dicho en la Cuarta Vía, él es la pura Bondad, Verdad etc…
Este modo de relacionar sujetos entre sí por su parecido, fruto de la proporcionalidad de ciertos predicados es lo que Tomás llama analogía. Aunque es una herramienta definida y empleada como tal por primera vez por Aristóteles, no era sino un aspecto de la sofística sin analizar internamente, de lo cual se ocuparía Tomás. Éste distinguió dos clases de analogías:

-De proporcionalidad: Se da en un conjunto de objetos, con distinta naturaleza por la distinta entidad de éstos. Es de forma “horizontal” y según el atributo, puede ser propia o metafórica.

-De atribución: Se da desde un “primer analogado” activo o un “analogado” pasivo, por lo que es de forma “vertical”.

La novedad de Tomás radica no sólo en tal distinción sino en emplear éste nexo lógico en un campo existencial y sumándole el concepto de “eminencia” (Dios posee el atributo de modo supremo por lo que está absolutamente identificado con tal).

La enseñanza filosófica del Aquinate sobre la entidad y relación del alma y cuerpo viene recogida, en gran medida, en la respuesta que da al averroísmo y a su Teoría de la unidad del intelecto o entendimiento:

Fruto de la exégesis neoplatónica de Alejandro de Afrodisias de los textos aristotélicos, así como del extremismo teocentrista arábigo, el filósofo árabe Averroes, evolucionando la opinión del verdadero precursor, Avicena, defendió que el intelecto agente, el actualizador del universal, era Alá, y que tal universal el género humano lo asimilaba y hacía ciencia con él en el intelecto posible (que era único para todos) por lo que ninguna alma tenía, como individuo, nada incorpóreo; así pues, ninguna era inmortal. Averroes indicaba que la relación entre entendimiento y alma humana se daba mediante la fantasía, entendida como facultad de conocimiento sensitivo, propia del animal. A esto dicho filósofo añadía, como nos ha dejado constancia Tomás, que ésta era la opinión de Aristóteles, pues él decía que el entendimiento era impasible, inmixto y separado20 .

Para entender la singular energía de Tomás en respuesta a esta opinión habría que caer en la cuenta de dos aspectos de la misma.

-Traicionaban y confundían el legado de Aristóteles, provocando que el Aquinate fuera objeto de innecesarias críticas (De Buenaventura de Fidanza por ejemplo)

-Negaba, a través de elementos verdaderos, toda relación posible del hombre con Dios, lo que daría pie a la Teoría de la doble verdad donde se despreciaba la fe y confundía la persona de Jesucristo, haciéndola pasar por un sujeto doble, divino y humano, como lo hace hoy el modernismo teológico y la teología de la liberación.
Vistos estos puntos se puede entender la energía del Aquinate en responder a Sigerio, pero no lo hace desde el sentimiento y la sofística sino, como se verá, desde el sentido común y la sencillez:

“El individuo es hombre porque entiende mediante su entendimiento posible. Si este hombre tiene una fantasía distinta de aquél pero no otro entendimiento posible sino uno idéntico, seguíriase que son dos animales y un único hombre, que es evidentemente imposible, luego no hay un único entendimiento posible21

 

“Los fantasmas o imágenes, que son entendidos en potencia, son diversos, lo que da la especie ha de ser uno pues la especie es una y a lo uno corresponde luego el hombre no recibe la especie por los fantasmas22

 

“Si el entendimiento posible es algo del alma humana y se multiplica en atención a los individuos, como ya se demostró, por proporción igual será el entendimiento agente, y no uno para todos23

 

Del mismo modo, criticaría que la opinión de Aristóteles no era tal pues él afirmó por escrito que el entendimiento es potencia genérica del alma mediante el cual opina y entiende por lo tanto el que esté separado e inmixto se toma respecto a otras potencias del individuo.

A partir del asentimiento de Tomás a el intelectualismo del alma, afirmará, por ser recipiente del universal, que ésta es inmaterial e incorruptible. Respecto al cuerpo, Tomás criticó a Platón de rechazarlo y de afirmar la unión de ambos como accidental, por lo que defendió la unidad sustancial de ambos y su identidad como un sólo sujeto.

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