Sabida que su tiempo en esta tierra llegaba a su fin, María, siempre Virgen, pidió al apóstol Juan que no quería partir de este mundo sin dar su bendición a aquellos que en vida de su Divino Hijo le acompañaron durante todo su trayecto misional.

Convocados por el apóstol Juan, los apóstoles fueron llegando a Jerusalén uno a uno, despidiéndose de la Virgen María. Mas Tomás, no asistió a la convocatoria hasta que era demasiado tarde.

La Virgen se adormeció en el Señor con la esperanza de la resurrección el día trece del mes octavo.

Al día quince del octavo mes, apareció Tomás; solo a enterarse de que María, la Madre de Jesús, había muerto. Tomás lloró y en su dolor pidió ser llevado a la tumba de María. Los 11 le decían que había muerto hacía tres dias y que para entonces el cuerpo ya estaría en descomposición. Pero Tomás insistió a tal punto que logró su cometido.

Los apóstoles le condujeron al sepulcro de María, y sólo para encontrarse con la sorpresa que el sepulcro estaba vacío, dejando solamente un lecho de rosas….

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