“Oh Jesús, que eres golpeado en nuestras iglesias a manos de Satanás, te adoro en todas las partículas esparcidas, y destrozadas. Tómame por tu Sagrario, por tu Trono, por tu Altar. Me reconozco indigno de ello. Mas Tú quieres estar entre los que te aman, y yo te amo por mí y por quien no te ama. Que el dolor me empurpure como de sangre, a fin de que llegue a ser digno ornamento para recibirte a Ti, que quieres ser semejante a nosotros en esta hora del poder de las tinieblas. Que mi amor sea lámpara que arda delante de Ti, Santísimo, y mi holocausto, incienso”.
Así sea.