Las personas consagradas, que pueden ser laicos o clérigos, normalmente se agrupan en ordenes religiosas o en institutos seculares, existiendo sin embargo aquellos que viven aisladamente o hasta en comunidad abierta, junto a los otros laicos no consagrados. Ellos decidieron vivir una vida consagrada de modo especial a Dios con la profesión de los consejos evangélicos: castidad en el celibato, pobreza y obediencia”. Entre estas personas, algunas aceptan levar una vida de clausura monástica o conventual.

Esta forma de vida es reconocida y supervisada por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (los consagrados de rito oriental es también supervisado por la Congregación para las Iglesias Orientales), siendo clasificada por la Iglesia Católica como una respuesta libre a una llamada particular de Cristo, mediante la cual los consagrados se entregan totalmente a Dios y tienden a la perfección de la caridad sobre la movimiento del Espírito Santo.

Entre los diferentes tipos de personas consagradas y títulos existentes se destacan:

Abad y Abadesa (en las Abadías)
Monje y Monja (el los Monasterios)
Fraile y Hermana (en los Conventos)
Ermitaños (en los Eremitorios)