Existen determinadas tareas, como por ejemplo la celebración de la Misa (especialmente la consagración de la hostia) y de los sacramentos (exceptuando el bautismo en casos de extrema necesidad), que son exclusivos de los miembros del clero (exceptuando los diáconos). Ellos se pueden distinguir entre aquellos que componen el clero regular y el clero secular. El clero está organizado en una jerarquía ascendente, basado en los 3 grados del sacramento del orden (el Episcopado, el Presbiterado y el Diaconado), que va desde del simple diácono, pasando por el presbítero, obispo, arzobispo, primado, patriarca (en casos más especiales) y cardenal, hasta llegar al cargo supremo de Papa. El clero regular tiene su propia jerarquía y títulos eclesiásticos, siendo el por lo menos subordinado al Papa. Todos los ministros sagrados son hombres, porque los doce Apóstoles son todos hombres y Jesús, en su forma humana, también es hombre. Pero esto no quiere decir que el papel de la mujer en la Iglesia sea menos importante, sino apenas diferente. Exceptuando en casos referentes a los diáconos y a padres ordenados por las Iglesias orientales católicas y por los ordinariatos personales (estructuras que albergan ex-anglicanos que se convirtieron al catolicismo), todo el clero católico está obligado a observar y cumplir el celibato. En las Iglesias orientales, el celibato es sólo obligatorio para los obispos, que son escogidos entre los sacerdotes célibes. La actividad y disciplina del clero son reguladas y supervisadas por la Congregación para el Clero (en el caso de los padres y de los diáconos) y por la Congregación para los obispos (en el caso del episcopado). El clero de rito oriental es también supervisado por la Congregación para las Iglesias Orientales. La Iglesia defiende que todos sus obispos (que son asistidos por los presbíteros y diáconos), debido al sacramento del orden, son los sucesores de los Apóstoles, siendo el Papa el sucesor directo del Apóstol Pedro De la autoridad y primacía que el Papa goza.