Angel de la Guarda, dulce compañia. No me desampares ni de noche ni de dia ni en la ultima agonia que sin ti me perderia. Con Dios me acuesto, con Dios me levanto, con la luz y la gracia del Espiritu Santo.
Amen

Las Virtudes (también llamados “Angeles de La Guardia”) son aquellos ángeles que tienen como misión ayudar al ser humano a acercarse a Dios, bajan a la tierra, pero no como forma humana, sino como entes abstractos. Cada ser humano posee sus virtudes que lo ayudan a acercarse a Dios y así finalmente a la hora de la muerte gozar en su comunión.

También se les ha asociado en muchos aspectos a los servidores de la Virgen María, y se ha concluido que los ángeles que la acompañan son en su mayoría virtudes. Suelen llevar flores o símbolos de María y están muy relacionados con la Pasión de Cristo.

A las virtudes se les adjudica ser las portadoras de la gracia y el valor, y su deber principal es el de trabajar por los milagros en la tierra. Tradicionalmente se decía que los ángeles que presidieron la Ascensión de Jesús fueron justamente Virtudes.

Ellos ayudan a la plasmación y concreción de las aspiraciones humanas.

Aportan prodigios que reclaman las religiones.

Las Virtudes nos enseñan el amor de la libertad y la santidad de la fe. Su función celestial es la de transformar nuestros pensamientos en materia. Son el eslabón esencial en el proceso que llamamos manifestación. Esto significa que lo que queremos y deseamos puede ser transformado en realidad material por nuestra firme intención de crearlo.

A fin de que una cosa deseada se manifieste en nuestra existencia diaria, hemos de tener la fe de que nos es posible tener lo que queremos. Cuando aceptamos que algo puede volverse una posibilidad real para nosotros, y nos desprendemos de la idea de ello y confiamos con todo nuestro corazón, entonces, si es para nuestro bien más elevado y nuestro mas grande gozo, entrará en nuestras vidas.

Las Virtudes ayudan durante el proceso de manifestación por transformar nuestros sueños en realidad. Nos enseñan que somos libres de desear cualquier cosa que creamos que nos dará felicidad y placer.

Ayudan a que nuestras vidas se desenvuelvan en las formas que nos gustaría. Nos recuerdan lo importante que es confiar en lo positivo y ser creativos en nuestro pensamiento. Nos hace las lecciones de la libertad, la confianza y la fe.

Es su guía a lo largo de los tiempos duros y difíciles lo que nos sostiene. Nos ayudan a valorar y querer estas cualidades, pues saben que algo que no las incorpore no es verdaderamente posible en términos de una manifestación real y duradera. Somos la libertad misma, y, sin embargo, muchas de nuestras relaciones son expresiones de connivencia y codependencia más que de nuestro si libre y más evolucionado.

Conforme crecemos, se requiere confianza en el proceso de la vida misma para saber que estamos avanzando hacia la Luz y hacia nuestra propia individualización.

La fe es la cualidad más esencial para saber que todo es posible y que estamos verdaderamente protegidos y guiados.

20121109-004428.jpg